Involución financiera

Después de pocas semanas de tranquilidad, la deuda española volvió a sufrir ayer serias tensiones que llevaron la prima de riesgo a los 461 puntos y empujaron la rentabilidad del bono a 10 años por encima del 6%. Se conocen las razones de la elevación de los diferenciales y la vuelta de la desconfianza hacia España. La principal es la declaración de los ministros de Finanzas de Alemania, Holanda y Finlandia el martes poniendo en duda que la banca española pueda beneficiarse, a partir de enero, de una inyección de capital rápida y directa del Mecanismo de Estabilidad Monetaria. Los inversores recelan también debido a la probabilidad muy elevada de que España incumpla este año el objetivo de déficit (con suerte se desviará solo en un punto, hasta el 7,3% del PIB), a la inquietud sobre el Presupuesto para 2013 y a las reservas que suscita el cálculo de necesidades de capital bancario que presentará Oliver Wyman.

La declaración de Alemania, Holanda y Finlandia, los tres países con calificación triple A, es un claro retroceso sobre los acuerdos de junio de este año, que, a propuesta de Bruselas y con el apoyo de Francia, establecieron el calendario de la unión bancaria y fijaron enero de 2013 como la fecha a partir de la cual podría realizarse la capitalización directa de la banca, para evitar el crecimiento de la deuda. Los pocos instrumentos eficaces de que dispone la zona euro para combatir la crisis financiera, conseguidos tras arduas negociaciones, se ponen continuamente en cuestión y se desmontan sistemáticamente desde instancias nacionales. En este caso, la involución procede de La Haya, Helsinki y Berlín, cuyos Gobiernos, al parecer, son incapaces de dominar a las facciones más ortodoxas de sus Parlamentos.

Este tejer y destejer de las políticas contra la crisis demuestra la incapacidad de Europa para articular un discurso común que, al tiempo que mitigue las convulsiones de los mercados, conduzca hacia la unión bancaria y fiscal en el área de la moneda común. Todo puede volver a retrasarse de nuevo, sin expectativas de solución; y con la perspectiva de que muy pronto vuelva a recrudecerse la tensión en los mercados si se confirma la pésima tendencia del déficit y el Presupuesto no convence a los inversores. Si, como asegura Mariano Rajoy, solicitará el rescate si el coste de la deuda se dispara de forma persistente, es probable que en muy poco tiempo tenga que hacer honor a su palabra.

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