“Tengo ganas de dar guerra”

Era la fiesta del baloncesto, pero Juan Carlos Navarro estaba mustio. La Bomba seguía el espectáculo de la presentación de la Liga Endesa con la mirada ausente y vidriosa del que esconde desvelos. “Estoy mejor, pero no estoy bien todavía”, repetía con gesto grave. La pregunta ¿cómo estás? ha perdido su carácter protocolario y se ha convertido para el escolta del Barcelona en una letanía que le persigue sin descanso durante los últimos 11 meses.

El epicentro de su sinvivir se localiza en el pie izquierdo y se llama fascitis plantar. Una inflamación aguda del tendón aplanado de la zona media de la planta del pie producida por el desgaste de la competición y los microtraumatismos repetidos. Una tortura que comenzó en noviembre del año pasado. Entonces se perdió el partido de la Euroliga ante el Prokom alemán, pero en cuanto se sintió bien volvió a ponerse la camiseta de tirantes. Sin embargo, lejos de desaparecer, aquellas primeras molestias eran un aviso. En el partido de liga que los azulgrana jugaron en Vitoria ante el Caja Laboral el 18 de diciembre la lesión de reprodujo. Navarro se quedó sin jugar la segunda parte de aquel encuentro y, al día siguiente y después de las oportunas pruebas, se le diagnosticó una microrotura en la fascia del pie izquierdo. El comunicado del club anunciaba entre tres y cuatro semanas de baja, periodo que el jugador intentó acortar enlazando recaídas. Era el comienzo de un calvario.

“Ha sido un año durísimo. Nunca he podido alcanzar una continuidad. He tenido que forzar más de la cuenta en muchas ocasiones y eso acaba pasando factura”, explica el jugador. Renqueante en muchas ocasiones, Navarro disputó la pasada temporada 58 partidos oficiales entre Liga, Euroliga, Copa del Rey y Supercopa. Superó los 24 minutos de media por partido y siguió tirando del carro de su equipo siendo el máximo anotador y el segundo con mejor valoración, solo superado por Ndong.

Primero llegó lastrado a la final four en la que su equipo cayó en semifinales ante el Olympiacos, a pesar de los 18 puntos en 33 minutos que anotó el capitán azulgrana. Después alternó descansos con presencias dosificadas durante la temporada regular. Una secuencia tortuosa que se prolongó hasta los playoff. El título de Liga amortizó en parte la lucha. Pero tras el quinto partido ante el Madrid el 16 de junio, el parón era obligado.

Sin embargo, cuando la medicina recomendaba reposo absoluto, La Bomba tenía otra lucha contrareloj, esta vez para alcanzar la cita olímpica de Londres, que para la selección de Scariolo arrancaba el 29 de julio. El escolta pasó la fase de preparación entre hielos, fisoterapia y ultrasonidos y tan solo participó en uno de los amistosos previos al debut en los Juegos. Llegó a la cita, pero entre algodones,

Tras el primer partido ante China volvió la pesadilla. “Después de la resonancia magnética nuclear a la que ha sido sometido el jugador se confirma que sufre una reagudización en la anterior lesión que sufrió en la fascia plantar del pie izquierdo”, rezaba el parte médico emitido por la Federación Española. Se perdió los dos partidos siguientes ante Australia y Gran Bretaña y de ahí hasta la final volvió a forzar la máquina con la plata ante Estados Unidos como premio. “La medalla y la Liga compensan el dolor, pero aquella exigencia se paga”, cuenta. “Las ganas y la responsabilidad en ocasiones no son compatibles con las recomendaciones médicas”.

Ahora, tras casi un año jugando con dolor, Navarro lo tiene claro. “Quiero jugar con normalidad, sin dolores y sin tener que estar más pendiente de mi cuerpo que de lo demás”. La afición le reclama y el equipo le necesita, más aún tras la derrota en la final de la Supercopa ante el Madrid, pero él no pone fecha a su regreso. No quiere dar ningún paso en falso. “Me queda poco pero no sé cuanto. Es imposible concretarlo. Me gusta que la gente se preocupe por mí, no me agobia. Tengo las cosas claras y no me puedo dejar llevar por la ansiedad. No hay que precipitarse por eso estamos alargando los plazos. Esta temporada va a tener un calendario muy cargado y la exigencia física y mental va a ser durísima. Hay que estar muy bien para soportarla y tengo ganas de volver a dar guerra”.

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