Ahorro sin luces

Bélgica, el país de mayor congestión vial de Europa, ha podido presumir siempre de mantener todas sus autopistas iluminadas. Ello era posible gracias a ser también uno de los países con mayor concentración de bases nucleares. Era tal su poderío al respecto, que sus vecinos convirtieron en mofa lo que quizá era pura envidia. De hecho, la iluminación de las autovías ha sido la excusa perfecta para que los franceses hicieran chistes hirientes sobre los belgas y estos les replicaran con cuentos igualmente molestos.

Los holandeses no han quedado tampoco a salvo de la mordacidad de sus vecinos, que les consideran demasiado austeros y ahorradores. Lo cierto es que en Holanda sigue siendo tradicional regalar huchas a los bebés recién nacidos. Ahora, haciendo honor a su fama, han tomado una sabia medida para hacer economías.

A pesar de ser uno de los tres países de la Unión Europea que mantiene la calificación financiera triple A, Holanda ha decidido apagar la luz de sus autopistas. También de sus carreteras menos transitadas.

La medida irá entrando en vigor poco a poco, empezando por el suroeste. Temen los expertos que se erosione la alta seguridad vial del país, pero el Gobierno está dispuesto a recortar el gasto público y, además, alega en su defensa que en parte de Bélgica también se ha tomado una medida similar. Hay que aclarar que se ha reducido la iluminación solo en Flandes, una región belga que muchos ven —en el terreno cultural, político y lingüístico— mucho más próxima a La Haya que a París.

De este asunto se podría extraer la lección de que la política vial hunde sus raíces en idiosincrasias nacionales. En España, por ejemplo, no hay un plan similar de ahorro energético; al menos un plan que haya salido o conozca el Ministerio de Fomento. Sí se ha notado algún apagón en ciertas autovías. Aquí se ha pretendido acometer ahorros reduciendo la velocidad máxima permitida, volviéndola a subir y prometiendo ahora que cuando acabe la crisis quizá se eleve más todavía en algunos tramos y en determinadas condiciones, lo cual encaja como un guante en ese carácter español tan ridiculizado en los chistes propios.

 

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