Lecciones para Song

Alex Song era feliz en Londres, jugaba en el Arsenal, tenía una vida tranquila y, aunque había dejado de ver por Navidad a sus 26 hermanos repartidos entre París y Camerún por culpa del calendario, sabía que estaban con él y les echaba una mano siempre que podía. Eso sí, sabía que sus hijos preferían jugar en el jardín de su casa con la camiseta de Leo Messi antes que, por ejemplo, con la de Van Persie. Consciente como era de que el equipo de Guardiola era imbatible, Song no se perdía un encuentro del Barcelona. Respetaba a Arsène Wenger, casi un padre para él, y el francés le consideraba indispensable y le concedía libertad en el campo, así que él se divertía buscando el área rival. No ganaba títulos, pero dentro de lo que cabe, no le iba mal, nada mal. Hasta que de manera involuntaria, el equipo chino del Dalian Aerbin le cambió la vida el día que logró convencer, a golpe de talonario, a Seydou Keita.

Después de la final de Copa contra el Athletic, tan pronto como tomó el mando del primer equipo, Tito Vilanova pactó una lista de refuerzos con Zubizarreta en la que no aparecía Song, sencillamente porque el técnico de Girona contaba con Keita para cubrirle las espaldas a Busquets y tenía otras necesidades. Todo cambió cuando el capitán de Malí llamó y pidió marcharse: “Me pagan tres veces más”, se justificó. Entonces, Vilanova le dio las gracias por lo vivido juntos, por su afecto, por su conducta, por ser como era, y le abrió la puerta. Y el Barça, por contrato, no pudo retenerle. “Me voy por dinero”, reconoció el africano, descartando excusas. Y se fue.

Justo entonces, Tito salió de su despacho y se fue al de Andoni Zubizarreta. “Necesitamos uno que haga de Busi y de central”, pidió. El director deportivo del club sacó una lista del cajón. El entrenador escogió a Song.

Ahora, Alex Song (Doula, Camerún, 1987) estudia castellano para facilitar su integración al equipo y vive en la casa que Thierry Henry compró en Barcelona con su esposa, Olivia, y sus dos hijos, Nolan y Kaylian, que le suelen preguntar por Messi. “Aún no le he visto perder un balón en un entrenamiento”, asegura sorprendido por el nivel de sus compañeros. “Nunca había estado en un equipo con tanta calidad”, ha reconocido en las entrevistas concedidas a los diarios deportivos catalanes, sin regatear la sensación de que vive “feliz” por tratarse de un sueño inesperado.

Le da igual tener que jugar de central. “Lo que me pidan” dice, consciente de que no puede elegir, porque se trata del Barcelona. “Vino por eso, porque nos permitía usarle de central. Si no, no le hubiéramos fichado”, suele decir Vilanova. “Vino avisado; Zubizarreta se lo dejó claro: para cualquiera de las dos posiciones, venía a ser suplente”, reconoce Josep Maria Bartomeu, el vicepresidente deportivo de la entidad.

“Jugar de central en el Barcelona es el mayor marrón que te puede tocar”, resume uno de los miembros del cuerpo técnico del club, consciente de que empiezas y cierras con la misma exigencia. “Debes pensar en construir y al defender juegas con 40 metros a tu espalda. Yo he crecido así, con esa costumbre, pero entiendo que para los que llegan no ha de ser fácil”, admite Piqué, que sabe de qué habla.

“Cuantos más minutos juegue, mejor, es la manera más rápida de aprender los automatismos”, justificó Vilanova cuando le pidieron los motivos por los que le prefirió a él para sustituir a Piqué a los diez minutos del estreno en Champions contra el Spartak de Moscú. “Él tiene experiencia, si saco al chaval y comete un error lo hubiera arrastrado mucho tiempo”, añadió el entrenador.

Vilanova, que trata de explicarle las cosas en inglés, ha realizado entrenamientos específicos para que Song aprenda los movimientos que caracterizan al central del Barcelona, en especial en basculaciones laterales. Se trata de ayudarle. Y en eso están. Lesionado Piqué, con Puyol luchando contra sí mismo, la tercera opción, relegado Bartra, para acompañar a Mascherano, es el camerunés. “Tito me da mucha confianza. Estoy preparado para jugar de central contra el Madrid”, dice Song. “No tengo 17 años, llevo más de 200 partidos con el Arsenal”, ha dicho el africano. Eso sí, remacha: “He de ser cuidadoso”. Y aprender. En eso está.

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