Cine quinqui hecho en casa

Criando ratas es un largometraje que nace como contrapartida a un cine convencional que muestra un mundo irreal de la delincuencia. Esta película retrata la vida en los barrios marginales “sin imitar, sino reflejando su realidad”, explica el director Carlos Salado. El objetivo es la verosimilitud, y para ello nada mejor que contar con actores que viven en estos barrios y se comportan tal y como son.

Un centenar de vecinos de Alicante han participado en el proyecto, que cuenta con ocho protagonistas principales. El resultado final es un cine underground muy natural. “Al final sales con un sabor amargo de ver cómo viven y qué dura es su vida”, apunta Rubén Fernández, director de producción.

Criando ratas se desliga de los métodos ortodoxos de grabación, se aleja de las normas industriales, no utiliza actores profesionales, y narra una obra más realista y cercana, con un estilo alternativo e independiente que pretende transgredir. “La temática es quinqui, por las peripecias y hazañas de los delincuentes, pero también es cine social, por el entorno que refleja, y cine realidad que muestra las cosas como son”, agrega Fernández.

El protagonista de esta historia de ficción es El Cristo, un reputado delincuente juvenil, que tiene una deuda con uno de los narcotraficantes más poderosos de su barrio. Bajo los efectos del consumo de sustancias estupefacientes e inmerso en la desesperación, roba por medio de la intimidación a quien encuentra a su paso para conseguir el dinero.

Poco a poco, irá cometiendo errores que le harán ganarse muchos enemigos. Paralelamente, la cinta muestra las aventuras y desventuras de tres chavales que están comenzando su carrera delictiva. Juntos sufrirán las consecuencias del estilo de vida que han elegido y comprenderán cuál es el precio a pagar. El elenco de actores se completa con los personajes de Florín, Voltereta, Caballito, Cien duros, Pistolica o Campana, entre otros. El director de Criando ratas recorrió los suburbios en busca de personas que hubieran vivido la delincuencia de cerca.

Expresidiarios, delincuentes habituales y gente inmersa en el mundo de la droga que “se formaron con ilusión y entusiasmo en el oficio de la interpretación”, afirma Salado. “Hacer este proyecto realidad ha sido un sacrificio constante, donde se ha nadado a contracorriente y se han superado todo tipo de inconvenientes diarios”, recuerdan Carlos Salado y Rubén Fernández, que tuvieron que paralizar el rodaje por falta de medios y también sufrieron los cacheos policiales diarios al equipo.

El presupuesto de la cinta ronda los 5.000 euros, se ha tardado dos años en grabar, y aguarda su estreno en Alicante en unos meses.

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