En busca de confianza

El examen de la banca española realizado por la consultora Oliver Wyman ofrece una descripción muy ajustada del sistema financiero que, en buena ley, debería despejar una parte de las dudas de los mercados hacia las instituciones españolas. La consultora calcula que el 62% de la banca (los siete grandes grupos, Santander, BBVA, CaixaBank, Kutxabank, Banco Sabadell, Bankinter y Unicaja CEISS) está en perfectas condiciones de capitalización; que las mayores necesidades de capital se concentran en los grupos intervenidos por el FROB (Bankia, Catalunya Banc, NCG Banco y Banco de Valencia); y que otros tres bancos necesitan capital adicional (Popular, BMN y la fusión proyectada de Ibercaja, Liberbank y Caja 3). La recapitalización del Banco Popular es la nota más llamativa del diagnóstico, aunque el banco no recurrirá a las ayudas públicas y se declara muy capaz de cumplir con las obligaciones de capital por sus propios medios. Tras el informe de Oliver Wyman, comienza la fase de asignación del fondo europeo disponible de hasta 100.000 millones.

La cantidad global calculada por Oliver Wyman para recapitalizar el conjunto del sistema tampoco ofrece variaciones importantes sobre los cálculos previos. Más que la suma total —59.300 millones que, después de los ajustes por fusiones y efectos fiscales, bajarán hasta 53.745—, importa la credibilidad de la recapitalización en marcha. Es decir, ni el Gobierno ni las entidades deberían ajustar al límite sus exigencias de capital, porque en ese caso favorecerían la aparición de dudas en el mercado acerca del saneamiento. El objetivo principal es asegurar la solvencia bancaria y transmitirla a los inversores.

Por eso es de la máxima importancia que el Gobierno explique por qué las ayudas públicas se reducirán a 40.000 millones después de los planes de recapitalización que presente cada entidad. Esta cantidad fue notificada ayer por el secretario de Estado de Economía, pero el anuncio es prematuro. A no ser que se base en cálculos muy exactos, respaldados por todos y cada uno de los grupos (que todavía no han presentado planes de recapitalización), cualquier avance sobre los requerimientos de capital público parece aventurado y genera dudas entre los inversores. La situación de los mercados no favorece precisamente la venta de activos y las decisiones sobre preferentes o bonos bancarios dependen, en muchos casos, de decisiones judiciales.

En todo caso, la descripción de la banca española pintada por Oliver Wyman está lejos de ser catastrófica y es probable que algunos países del núcleo central del euro tengan sistemas financieros menos sólidos que el español. No parece disparatado esperar que en 2013, si las decisiones de recapitalización son correctas, los bancos españoles empiecen a cotizar como valores sólidos en el mercado de valores, dejen de representar un hándicap en el mercado de deuda y recuperen la confianza en el mercado del crédito.

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