Un concierto para madrastras

El miércoles pasado, el Liceu dejó a un lado la ópera para transformarse en el cine más lujoso de Barcelona. En el escenario, los destellos góticos de la última revisión de un cuento mítico: la Blancanievesde Pablo Berger, que será la candidata española en los Oscar. Muda, en blanco y negro, cañí por los cuatro costados, la cinta se proyectó con orquesta en directo como antaño se acompañaban los filmes mudos con un piano sobre el escenario. El lunes, el teatro de la Zarzuela repite la experiencia de la proyección-concierto.

 “Es un puzle demoniaco muy difícil de encajar”, explica el compositor de la banda sonora de Blancanieves, Alfonso de Vilallonga. En estos conciertos, el director de la orquesta luce pinganillo con el que va sabiendo al milímetro cómo guiar a una orquesta que tiene que cuadrar su interpretación con unas imágenes que no cesan. “Hace décadas que no se veía algo así. Esta apuesta al principio estaba cogida con alfileres, pero al final nos ha salido muy bien”, comenta Vilallonga. Su música, interpretada por la Sinfonietta Monteolvido —una orquesta de 20 músicos creada para la ocasión con el nombre del cortijo en el que vive la madrastra de Blancanieves—, es una partitura construida bajo presión, con la responsabilidad de vestir de sonido una película en la que las emociones solo se ven a través de la imagen. “Mi música es una paleta de colores y estilos muy concretos. Va de lo épico al pasodoble, del drama atemporal de la cuerda a la diversión de los trombones”, comenta.

Hacer música que refleje, fotograma a fotograma, un abanico infinito de emociones, no es labor fácil. El silencio en la cinta es anecdótico. “Hay muchos minutos de música descriptiva. En la película The Artist, los temas son intercambiables entre una escena y otra, pero Berger aquí quería un traje a medida. Había veces que para hacer dos minutos de música descriptiva me llevaba una semana”, comenta el compositor, que participa en la orquesta tocando varios instrumentos, incluso el acordeón que toca uno de los enanitos.

Más allá de la música descriptiva, en una obra tan cañí tenía que haber flamenco. Silvia Pérez Cruz asume el reto de ser la única voz que se oye en toda la película, un quejío flamenco depurado que da vida a la madre de Blancanieves. “Para estos conciertos, los flamencos nos hemos entrenado memorizando las imágenes. Hay que entrar perfecto, porque la película no para”, comenta la cantaora. Pérez Cruz nunca había hecho nada de cine, y aquí se ha atrevido hasta a componer una de las tres canciones que salen en la cinta. Además de unos tanguillos y unas bulerías, se atreve con una saeta.

Blancanieves. Lunes 1 de octubre en el teatro de la Zarzuela a las 22.00. Entradas: de 5 a 60 euros.

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