Viva el ‘bumba-meu-boi’

Fundada por los franceses en 1612 (hizo 400 años el pasado 8 de septiembre), São Luís de Maranhão (www.visitesaoluis.com) es la más importante capital marítima en la proximidad del Amazonas. Alongada sobre el mar abierto, la ciudad brasileña —un archipiélago, en realidad, surcado por las aguas del caudaloso río Anil— se halla justo en el regazo del nordeste de Brasil, y constituye la puerta de entrada al itinerario costero que los responsables de turismo de Brasil (www.visitbrasil.com) denominan la ruta das emoçoes: una amplia y hermosísima alineación de villas y pueblos marineros, de más de mil kilómetros de longitud, hasta Fortaleza (1), que ahora se acicalan con vistas al Mundial de Fútbol de 2014. Dos de los grandes reclamos de esa ruta, en el propio estado de Maranhão —que concentra la mayor diversidad de ecosistemas del país—, son el delta del Río Parnaíba (2), un preámbulo amazónico junto a la Isla de Santa Isabel, y, sobre todo —más próximo a São Luís, a 260 kilómetros—, el parque nacional dos Lençóis (o Sábanas) Maranhenses (3), un extraordinario arenal, con dunas de hasta 40 metros, surtido de caudalosas lagunas cristalinas, como si fuese un desierto a la inversa, en el que prevalecen los oasis.

8.00 La plaza del poeta que mira al mar

Tras el café da manahá —un grácil eufemismo del revés, ya que, especialmente en el noreste de Brasil, se trata de una de las comidas más copiosas del día, coronada por apetitosas frutas tropicales— es recomendable iniciar el recorrido por el centro desde la altiva plaza de Gonçalves Dias. Su imponente mirador (4), sobre la bahía, da una idea del movedizo atractivo de São Luís, una ciudad a la vez tendida y vertical, jalonada por estratos tan diversos como su ajetreada historia. La marea ahora está alta, pero ese privilegiado mirador —que debe su nombre al vate mulato Antonio Gonçalves Días (1823-1864), un emblema del romanticismo brasilero—, permite observar una extraña peculiaridad: la marea desciende y vuelve a subir cada día hasta siete metros. No sería ocioso, pues, regresar con la puesta de sol y patear, incluso, por algunos tramos ya desecados de las mismas aguas antes contempladas. La esbelta iglesia de Nuestra Señora de los Remedios (5), allí enclavada, la única de factura gótica, es un buen pórtico al enjambre de igrejias, palacetes y conventos —en su mayoría de corte neoclásico— que salpican el diseminado centro histórico, antes de alcanzar su cogollo, de espectaculares azulejos, al fondo de una escalinata, en el barrio de Praia Grande.

10.00 El casco histórico

Más de 3.500 edificios monumentales, en 280 hectáreas, alberga el centro histórico, declarado por la Unesco patrimonio mundial en 1997, y sede, en 2012, de la capitalidad cultural de las Américas. Domina un eclecticismo tan vertiginoso como su historia. Pues São Luís de Maranhão —que debe su nombre al entonces rey niño Luis XIII— fue fundada por los franceses (Daniel de la Touche, en 1612), aunque tomada por los portugueses tan solo tres años después, y recobrada luego, en 1644, tras tres años de dominio holandés. La Casa do Maranhão (6) ofrece un completo audiovisual sobre la formación, por aluvión, del centro histórico. Da cuenta de la profusión de relevantes escritores del siglo XIX nacidos en São Luís que, a la estela de Gonçalves Días, son rememorados en calles y plazuelas. Si Jorge Amado —de cuyo nacimiento se cumplieron 100 años este agosto— se ha erigido en la voz de “los olvidados nordestinhos”, desde su grada sur de Salvador de Bahía, de este flanco norte de la región son oriundos, por ejemplo, el narrador Aluisio Azevedo (1857-1913), uno de los pioneros de la novela naturalista en el país; el pensador Maximiano Coelho (1864-1934) —“el príncipe de los prosistas brasileros”—, o el académico y vanguardista José de Graça Aranha (1868-1931).

Junto a la Casa das Tulhas (7), el Mercado y la Posada Colonial (8) (una sinfonía de azulejos de procedencia igual de variopinta), hay que apuntarse algunos enclaves especialmente interesantes: el Palacio dos Leòes (9), fortificación fundacional y hoy sede del Gobierno estatal; el teatro Arthur Azevedo (10) (de 1815, de construcción pionera en el país; www.cultura.ma.gov.br; rua do Sol, s/n); la Fonte das Pedras (11) o las iglesias del Destierro (12) —la más antigua, de 1614—, de Nuestra Señora del Rosario de los Negros (13) y de Carmo (14) (ambas en la rua de Egito), y la catedral (15) de la plaza de Sé (en la avenida de Pedro II).

14.00 La Laguna de Jansen

El parque de la Laguna de Jansen (16) es uno de los lugares de ocio más frecuentados por los propios marañenses. Se trata de un entramado de 6.000 metros cuadrados, repleto de restaurantes, bares, canchas, polideportivos, carriles bici… Es un lugar para el ocio que incluso es recomendable visitar de noche, con vistas a la neurálgica laguna y a buena parte de la ciudad. Debe su nombre a uno de los personajes más célebres de São Luís: la controvertida Anna Jansen (1793-1869), una de las grandes abanderadas del feminismo americano, que defendió con sus uñas su condición de madre soltera, pero que, a causa, tal vez, de eso mismo y de su longevidad atípica para la época, carga con una considerable leyenda negra. Promotora de la primera red hidráulica de la ciudad, cuentan que se abrió camino en su proyecto anegando con gatos muertos los manantiales de sus opositores, y que se enriqueció como tratadista de esclavos negros, a los que, según la leyenda, mandaba matar tras retozar con ellos. O los colocaba en hilera como una alfombra humana para pasear por sus lomos victoriosa, y exhibir, así, su inmunidad a cualquier doblegación.

19.00 El ‘reggae’ y ‘farofa’

Por su afición al reggae, São Luís de Maranhão es conocida como la Jamaica de Brasil. De ritmos más dulcificados y hermanados con típicas modalidades brasileras, cada noche suena en múltiples garitos de la ciudad, desde el propio centro histórico o a la vera de la Laguna de Jansen, junto a la arena de Pontal d’Areia (17) o, sobre todo, en la larga avenida playera de Litoranea (18), donde se concentran la zona hotelera y vistosos restaurantes con cristaleras al mar. Destaca, con vistas a la bahía, el hotel Pestana (avenida Avicênia, 1; www. pestana.com), y entre los variados restaurantes recomendables de sabor y ambientación local, se encuentran Cabana do Sol (www.cabanodosol.com.br; rua Joao Damascano, 24), Maracangalha (www.restaurantemaracangalha.com.br; Ponta do farol) o Feijão de Corda (rua Maracacume, 8). Sobre la mesa aguarda la ubicua farofa —la harina de yuca con textura de pan rallado—. Y uno de los bocados típicos de este litoral es la amarela, un exquisito pescado autóctono (sin despreciar la moqueca de especiados y jugosos camarones con dulzor a la vez marino y fluvial).

Eso si el viajero no acude a São Luís durante las fiestas juninas, a lo largo del mes de junio, cuando la ciudad rebosa de recintos feriales (los arraiais) donde cada noche se celebra el bumba meu boi (levántate, mi buey), un ritual mestizo, de origen indígena, africano y europeo, que congrega a cientos de grupos folclóricos, con sus tambores y danzas en trance y espectacularmente ataviados.

 

Read more here – http://elpais.com/elviajero/2012/09/27/actualidad/1348738677_741312.html

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