Banca recapitalizada

El sistema bancario español es mayoritariamente solvente. Esa es la conclusión alcanzada tras la revisión de la calidad de los activos bancarios en un ejercicio de resistencia que toma en consideración un crecimiento económico muy inferior al previsible. Las exigencias de recapitalización de aquellas entidades que lo precisan podrán satisfacerse con la disposición de los fondos concedidos por las instituciones europeas. El alejamiento de toda sospecha de insolvencia en el sistema bancario es una de las condiciones necesarias para sentar las bases de la superación de la crisis económica española. No es la única. La inestabilidad de los mercados de deuda pública todavía amenazante conforma, junto al desplome de la demanda, ese trípode que alimenta el circulo vicioso en el que esta inmersa la economía.

La evaluación de los activos dañados y las consiguientes necesidades concretas de recapitalización de las 14 entidades bancarias es el paso previo para la asignación de los fondos disponibles en la línea de crédito, de hasta 100.000 millones de euros, que Europa puso a disposición de las autoridades españolas como una vía de rescate específico para el sistema bancario. De completarse correctamente el proceso, se habrá conseguido alejar una seria amenaza a la recuperación de la economía.

Con los datos ahora desvelados por la empresa a la que se le encomendó la evaluación, la cantidad necesaria es de 53.745 millones (59.300 millones, antes de considerar operaciones de fusión en marcha o créditos fiscales recuperables). Siete grupos bancarios, que representan más del 62% de la cartera crediticia analizada del sistema bancario español, no tienen necesidades adicionales de capital, ni asumiendo el más extremo de los escenarios que se han simulado. Las inyecciones de dinero público serán inferiores a esa cantidad. Las entidades que necesitan capital adicional tendrán que presentar un plan de venta de activos que determine, finalmente, si tras el mismo es necesario el apoyo financiero público. En ese caso, el Estado aportaría bonos convertibles en acciones. Al existir entidades con exceso de capital eso podría abrir una nueva ronda de fusiones o adquisiciones, con los más necesitados.

A partir de aquí, no conviene que las autoridades españolas aquilaten en exceso la disposición de la línea de crédito. Está en lo cierto la troika al considerar que mejor no transmitir ninguna duda en los mercados financieros sobre la suficiencia de los recursos para asegurar la solvencia completa.

Esas cantidades finalmente dispuestas engrosarán por el momento el stock de deuda pública. Su transferencia directa a los balances de los bancos tendrá que esperar, a tenor de las resistencias observadas recientemente en algunos gobiernos europeos. Siendo muy importante, esa acumulación de deuda pública, no debería reducir en exceso la disposición de la línea de crédito europea. Con todo, el éxito de esta recapitalización excepcional se apreciará si, en primer lugar, los bancos dejan de ser el centro de la aversión al riesgo como las sufridas en los mercados de acciones y de crédito en los últimos meses. Junto a la apertura de los mercados mayoristas, el otro exponente no es otro que la normalización de la inversión crediticia: el abandono de la senda contractiva en la que está instalado el crédito desde hace años.

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