Gago, epicentro del Valencia

Epicentro de todo el juego del Valencia, Gago dio sencillez y naturalidad al equipo de Pellegrino. Todo fluyó a su alrededor. Bastó un pase al primer toque para descifrar el enigma del fútbol. Bastó una orden suya para ver a sus compañeros ocupar su sitio correspondiente. Se diluyeron todos los miedos de las jornadas precedentes, a pesar de disputar la última media hora con uno menos por la absurda expulsión de Feghouli. Por fin una actuación convincente del cuadro de Pellegrino ante un Zaragoza muy reducido a alguna incursión eléctrica de Víctor o, ya a la desesperada, por algún desborde de Aranda con sus imprevisibles regates. El conjunto de Jiménez opuso muy poca resistencia.

En el eterno debate sobre la portería del Valencia, Pellegrino apostó esta vez por Guaita, la sobriedad personificada. No le sobra ni un gesto ni un aspaviento. Nada para la galería. Pura técnica bajo los palos. Y un espectáculo en el juego aéreo. Ante el tirazo elevado de Víctor, el meta valenciano respondió con la propulsión rapidísima del brazo, prolongado la pelota hacia arriba. Casi ni se vio, pero era un paradón, aunque no se diera ninguna importancia. Eran los últimos minutos de la primera parte y el Zaragoza asomó la cabeza, escondida hasta ese momento. Se había apoderado de la medular aprovechando la tregua que le había concedido Gago.

Porque el mediocentro argentino gobernó la primera media hora con mano de hierro. Dio un recital de recuperar, pasar y ordenar. Aquello universalmente conocido como control del juego. Todos mejoran a su lado, incluso el otras veces alborotado Tino Costa, mucho más centrado. Con Gago, el Valencia fue otra cosa. Percutió abundantemente por la derecha, donde por fin João Pereira se pareció al lateral derecho de Portugal en la pasada Eurocopa: incisivo, valiente, llegando hasta la línea de fondo. Aunque a veces se lo impidiera el muslo de Paredes, en un penalti clamoroso escatimado por el árbitro asistente. Feghouli adelantó a su equipo con un doble remate sobre el ya entregado Roberto. Lo que le falta el interior franco-argelino en calidad técnica le sobra en coraje y en perseverancia para salirse con la suya.

Mucho más abierta la segunda parte, alentada por la necesidad zaragocista de empatar, Jonathan Viera se estrenó como goleador en Primera. Premio al atrevimiento de un jugador empeñado en gustar a la gente, ya sea con una cola de vaca o con un cambio de ritmo. Solo hubo de empujar en el segundo palo tras un centro de Soldado desde la derecha. El capitán entendió que su papel va mucho más allá de marcar. Está capacitado para fabricar goles para los demás.

Dejándose caer a las bandas, Aranda ganó varios duelos individuales a los zagueros locales, pero sus centros acabaron en nada. La expulsión de Feghouli (por dos nimiedades) permitió al Zaragoza abrigar la esperanza de entrar a fondo en el encuentro. Apenas se notó. Estuvo más cerca el Valencia de rematar a la contra. A Jonas le faltó generosidad para servir a Soldado. Guaita siguió impecable en los centros al área. Y Gago no permitió que nadie discutiera su reinado.

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