Metamorfosis policial

Desde el gris franquista, pasando por el marrón de la transición, los policías de este país han completado la metamorfosis de su atuendo hasta llegar al amable color azul actual. Sin embargo, viendo cómo actuaron el día 25 de septiembre (lo de Atocha fue demencial), uno duda de que nuestros policías hayan completado, de igual modo que sus uniformes, la metamorfosis de sus convicciones y maneras democráticas a la hora de actuar en el control de las manifestaciones.

Viéndolos aporrear de forma tan brutal, desaforada e indiscriminada contra quien más a mano se les pone, uno no aprecia diferencia alguna respecto de aquellos odiados grises de nuestra juventud. Es más creo, para su pesar, que lo hacen más científica y peligrosamente, si se tiene en cuenta la mejora en su pertrechamiento.

Por mi profesión, he tenido la ocasión de conocer a guardias civiles y policías estupendos, personas que en contextos normales serían incapaces de conducirse de forma semejante a la descrita. ¿Realmente a estos jóvenes policías les siguen enseñando en las academias a actuar con procedimientos tan bárbaros y contundentes? ¿Qué pautas, qué prácticas se les inculca a los componentes de las unidades de intervención en el dominio de situaciones extremas?

Lo que es inadmisible es que nuestros policías “trabajen” de este modo, dando la impresión de que han perdido el juicio. Cualquier funcionario público (y especialmente si es policía) debe conducirse siempre por el principio de legalidad, el cual obliga a discriminar, identificar y detener al delincuente en cualquier situación. También en una manifestación por multitudinaria y violenta que sea la actitud de determinados grupos provocadores. Lo que no se puede es reprimir por resultado, es decir, castigando expeditivamente a justos por pecadores. No creo que la ley lo permita, y, si lo permite, habría que cambiarla con urgencia si queremos convencernos de que los policías (esa es su razón de ser) son realmente defensores y no represores de los ciudadanos.— José Antonio Martín Gómez.

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